Te levantas, desayunas, vas en el metro y llegas a aquella puerta trasera, comienzas a ver gente conocida y comentas, con sonrisa nerviosa, el viaje, dónde te quedas, etc. Pero nada de la plaza que vas a escoger, un trauma psicológico que afecta a todos los que hacemos el MIR, y que no entiendo muy bien el porqué. Yo me pasé todo el tiempo diciendo que quería Pediatría. Lo decía públicamente a todo el que me encontraba. Yo creo que debía ser el más ingenuo, o algo así. Todo el mundo se callaba, prefería no comentarlo, o no lo tenían claro. ¡Vamos, por Dios! Sí lo sabes, lo que pasa es que traumatizas pensando que si lo vas diciendo, otro te va a quitar la plaza. Oía historias de gente que comentaba lo que quería y luego se la quitaba uno que estaba por encima de él. Que cada uno haga lo que quiera, pero eso me parece de lo más estúpido. Que vayas a elegir la profesión que vas a ejercer toda tu vida por joder a alguien... Si lo piensas en frío (y después de un par de años) está muy cogidito por los pelos. Es una situación que me extraña, pero oiga, gilipollas hay en todas partes y siempre te puedes cruzar en el camino de uno, pero no suele ser la norma. Si alguien te coge la plaza que tú querías, me gustaría pensar que ha sido por que esa persona quería esa plaza, y lo único que puedes hacer es resignarte y pensar en estudiar más la próxima vez.
Hay otro aspecto que me llamó la atención de la elección de la plaza MIR. La gente ya no sale de la sombra de Papi y Mami. Salvo la gente con buen puesto que suele coger grandes hospitales (Madrid, Barcelona, Bilbao, etc), compites contra los que han estudiado medicina en tu facultad. Lo tenía claro. Más o menos tenía mis referencias y cuando supe la gente de mi clase que iba a coger conmigo sabía de entrada que ya tenía la plaza ganada (y eso que mi querida Miriam cogió antes que yo). Y se complió a raja tabla. Ella y yo fuimos los que escogimos Pediatría y sus áreas específicas en el Hospital Universitario de Canarias esa mañana (anteriormente escogieron Cristina y Fátima y después de nosotros se unió María al grupo). Aunque me imagino que cada uno tendrá su historia.
Aquí mi colega Iván en un primer plano. A su lado Daida. Uno ya es de Medicina Interna y ella forma parte del servicio de Digestivo. Ambos en el Hospital Universitario de Canarias.
Fue una gran mañana para mi. La verdad es que leer a Pérez Reverte mientras la gente escogía su plaza para comenzar a formarse como médico especilista, fue bastante agradable.
Cuando llega el momento no te lo crees. Te acercas a los dos que están frente a los ordenadores, creo recordar que les das el DNI o el papel que te dan, no recuerdo bien, y te preguntan: ¿Qué plaza quieres? Subidón de adrenalina. Se la dices como puedes, y acto seguido te ves recorriendo un pasillo blanco, dándote el material informativo sobre la especialidad que has escogido y saliendo por la puerta principal con el único objetivo de llamar a tu gente para contarles que ya eres un MIR más.
La experiencia es muy bonita, sobre todo cuando eliges lo que siempre has querido, por lo que entraste en medicina, por lo que te partiste el culo estudiando y para lo que estás preparado sí o sí. Comienza tu nueva vida. Disfrútala.

